Según el diccionario de la RAE víctima es, entre otras cosas, la persona que padece daño por culpa ajena o por causa fortuita. Tú, mujer maltratada, no eres víctima para un catedrático de Teología jubilado de Valencia: tú eres la culpable del daño que padeces. Tú, mujer maltratada, le provocas con tu lengua, le haces perder los estribos, y él, que es débil, ya no aguanta más tanta provocación: acéptalo, te lo has buscado. Tú, y solo tú, tienes la culpa de que descargue sobre ti su fuerza y te aplaste. ¿Qué habrás sentido al leer esto en una hoja parroquial? ¿Qué habrías sentido si estas palabras te hubiesen asaltado en un acto de confesión? ¿Qué más se habrá roto, dentro de ti, al sentirte culpable y no víctima?

Tú, mujer vejada, eres un ser humano incomprendido y humillado: tú, que vives con miedo; tú, que quedas marcada; tú, que ya no eres víctima sino tu propio verdugo. Hasta tu muerte tiene menos valor que la de los 1350 fetos que no han llegado a nacer porque seres como tú, del sexo femenino, decidieron abortar: no le permites nacer, no le permites vivir. Y tu crimen es peor que el que comete aquél que te quita la vida a ti, mujer asesinada: tú que sí has nacido, tú que sí has conocido la vida.

Durante el año 2005 muchas han sido las mujeres que han sentido el dolor de un insulto, de una bofetada, de una patada, de una vejación, de una paliza. Muchas han denunciado los hechos, otras no se atrevieron, algunas ni siquiera pudieron hacerlo. 63 mujeres murieron a manos de sus parejas el año pasado: para este “mensajero” de Dios, 63 mujeres provocadoras, 63 no víctimas, 63 culpables.

Mujer insultada, abofeteada, vejada, agredida, asesinada: yo no hablo con Dios como puede hacerlo este teólogo que te culpa de tu desgracia, pero estoy seguro de que para Él nunca serás culpable de los insultos, de las bofetadas y de las palizas que recibas: para Él, para mi, y para muchos, siempre serás la víctima de la sinrazón humana.