Las mujeres son todas asesinas porque aprueban el aborto”, “la mujer es la causa de la destrucción de la familia, de sus hijos y del mundo”, “la mujer está hecha para servir a su marido para que cuando él llegue lo esté esperando, con la cena puesta”, “a las mujeres mayores y casadas solo les quedan ocho o diez años de vida, por lo que tienen que ponerse a rezar, dejar de salir y arreglarse menos”, “los hombres separados son unos machotes y las mujeres unas apestadas”, “los hijos de las separadas se suicidan a los 14 años”, “los homosexuales son personas que no deben estar en el mundo y deberían quitarse de en medio, no deben entrar en el reino de Dios porque son viciosos y mala gente”...
Éstas son solo algunas de las frases que el párroco de Sangonera la Verde, de 40 años de edad, pronuncia en misa, según él, “siguiendo la doctrina de la Iglesia”.
Aquí mando yo y hago lo que me dé la gana, y el que no esté de acuerdo, que se salga de la iglesia”: es la respuesta que han recibido aquellos que han “osado” criticar las palabras del párroco, por lo que los indignados feligreses han enviado una carta al obispo de Cartagena denunciando estos hechos.
Desgraciadamente temo que no será la última vez que un sector de la Iglesia nos ofrece ejemplos de sinrazón, machismo, homofobia y misogínia. Hace unos meses se afirmaba, desde una hoja parroquial, que la “mujer provocaba al hombre con su lengua” (justificando así los malos tratos); ahora el párroco de Sangonera la Verde enciende los ánimos con su “verborrea delictiva” amparándose en “la doctrina de la Iglesia”. Afirma, seguramente sin ruborizarse, que solo condena el pecado y no a las personas: ¿quién es él para condenar a nadie?, ¿en nombre de quién lo hace?, ¿incluye a la Virgen María y a su propia madre en sus acusaciones contra las mujeres?, ¿cambiaría su opinión sobre su hermano, su amigo, su vecino, sobre aquellas personas a las que considera buena gente, si descubriese que son homosexuales?, ¿qué clase de valores pretende enseñar una persona que juzga a los demás por su sexo o por su orientación sexual?, ¿cuál es, para este párroco, la solución a los males que provocan, según él, las mujeres y los homosexuales? Me pregunto qué medidas va a tomar el obispo de Cartagena y qué medidas legales se tomarán contra una “persona” que humilla, denigra, juzga y condena a otras, desde un púlpito, por el simple hecho de ser mujer, hijo de separada u homosexual. Va siendo hora de que en este país se penalice con dureza a esta clase de individuos, a los que el adjetivo de “intolerantes” les queda pequeño, y con mayor severidad a quienes se supone que hablan, con cierta autoridad moral, en nombre de Dios: manifestaciones como éstas no pueden estar amparadas bajo la libertad de expresión por incitar, consentir y aplaudir la discriminación, la humillación, el insulto y la violencia hacia las mujeres y los homosexuales. Manifestaciones como éstas solo pueden condenar a quien las hace. Señor párroco: cuando apunta con su dedo, recuerde que otros tres le apuntan a usted.