Todas las teorías, elucubraciones y gravísimas acusaciones que se han realizado desde determinados medios de comunicación, involucrando a los aparatos del Estado en una especie de conspiración para echar al PP del poder hace dos años y medio, han sido desmontadas una a una. Sin embargo, los propagadores de la mentira no aceptan la realidad y no dudan en seguir manipulando y acusando con total impunidad, tal y como vienen haciendo desde que el partido socialista ganó las elecciones.

El partido popular no perdió las elecciones por la autoría islámica de los atentados del 11-M, sino que fue expulsado del poder, por el pueblo soberano, debido a la manipulación informativa que ellos mismos realizaron entre los días 11 y 14 de marzo. Dos años y medio después, el partido liderado por Mariano Rajoy no solo sigue sin asumir su derrota electoral y las responsabilidades políticas surgidas de la gestión de los atentados, sino que cuestiona y pone en duda el normal funcionamiento de las instituciones del Estado al hacerse eco de todas y cada una de las acusaciones realizadas por unos medios de comunicación, que hacen pasar opinión subjetiva por información objetiva, y al atribuir mayor veracidad a las suposiciones que a los hechos probados.
El que se demuestre la falsedad de las gravísimas acusaciones realizadas a lo largo de estos años debería ser más que suficiente para que se exija, además de las correspondientes responsabilidades profesionales y penales a los periodistas implicados, la entrega de sus actas de diputado a aquellos miembros del partido popular, entre ellos su portavoz parlamentario, que han dado cancha y credibilidad a la manipulación y a la mentira.

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