La investigación de los atentados del 11 de marzo perpetrados en Madrid hace tres años ha provocado la aparición de “numerosísimos expertos” en los ámbitos periodístico, policial, pericial e incluso judicial. Durante estos largos meses de investigación e instrucción sumarial, estos “sabios iluminados” han criticado y despreciado la labor del juez Del Olmo y la fiscal Sánchez, desprestigiado el trabajo de nuestras fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, convertido a la orquesta Mondragón y al ácido bórico en pruebas esclarecedoras de la vinculación etarra en los atentados, han metido en el mismo saco al fanatismo religioso islamista y al fanatismo ideológico político etarra, hablado de lo remoto y lo lejano, de mentiras, medias verdades y cintas de vídeo en las que supuestamente aparece un terrorista de ETA que vendría a sumarse a todas esas pruebas “concluyentes e irrefutables” que desmontarían tantos años de trabajo e investigación realizados por los verdaderos expertos y profesionales competentes. Hay quien, yendo más allá, llega a hablar de una teoría de la conspiración mediante la cual el mayor atentado de la historia de Europa habría sido fruto de una connivencia entre islamistas de poca monta, etarras desaparecidos, policías, jueces y el propio partido socialista obrero español, con el fin de apartar al partido popular del gobierno de España.

La lista de sospechosos de tan macabro plan habría hecho las delicias de cualquier afamado guionista de series televisivas al más puro estilo “24”, pero su proceder en la ejecución del acto delictivo habría arruinado el guión desde la primera página y convertido sus capítulos en una sucesión de sin sentidos: una organización terrorista llamada ETA, en su momento de mayor debilidad según afirmaba el ejecutivo de turno, quiere cometer el mayor atentado de la historia de Europa en la capital del Estado español unos días antes de las elecciones presidenciales para provocar un cambio de gobierno pero no desea aparecer como autora del mismo. Para llevar a cabo su plan contaría con la colaboración de unos delincuentes islamistas, integrantes de una célula de Al-Qaeda dispuestos a materializar el atentado y a asumir su autoría intelectual para castigar al pueblo infiel español por la participación de su país en la guerra de Irak, y habría recurrido al explosivo que la propia ETA utiliza normalmente para perpetrar sus acciones terroristas en lugar de hacer uso del explosivo robado por los cómplices islamistas: éste solo aparecería en una mochila y una furgoneta para dirigir las investigaciones hacia la autoría islámica. “¿Para qué vamos a hacer estallar la goma 2 eco que han robado los moros si tenemos titadyne y es lo que usamos normalmente?” se habrán preguntado los avispados autores “intelectuales” de semejante barbarie. Puesto que en toda esta trama también se contaba con la connivencia de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, dependientes del Ministerio del Interior del gobierno popular, no fue necesario pensar en las conclusiones sobre la autoría a las que habrían llegado los investigadores si se utilizaba titadyne para hacer estallar los trenes: “ya se encargarán los policías, cuyos compañeros murieron asesinados por los nuestros, de tergiversar y falsificar las pruebas y los informes que se remitirán al juez designado para instruir el sumario del caso”. Todo este planteamiento está dotado, para algunos, de una “lógica aplastante” y cualquiera sabe a estas alturas que si uno no quiere aparecer como sospechoso de un delito que quiere cometer le proporciona al autor material su propia pistola y deja sus propias huellas en lugar de permitir que éste utilice su propia arma, puesto que ya se ocupará la policía de borrar, tergiversar y manipular las pruebas que nos implican en el crimen.

Toda buena historia necesita una razón que justifique y explique los hechos que se presentan y en este caso hay que buscar la razón por la que es necesario derrocar al gobierno popular que ha gestionado dos treguas acercando y excarcelando a presos, invitando al regreso a la patria a los exiliados, la razón por la que es necesario arrebatar el poder al gobierno que dijo que sabría ser generoso aunque no entregasen las armas, el mismo que les llamó “movimiento nacional de liberación vasco” y que estaba dispuesto a aprovechar cualquier oportunidad por conseguir la paz: esa razón no es otra que la negativa de ese gobierno a entregar Navarra y conceder la autodeterminación al País Vasco. Despejada la incógnita entran en escena los nuevos protagonistas de esta teoría de la conspiración: el actual gobierno de Zapatero. Como diría Hannibal Lecter, “quid pro quo, querida Clarice”: “nosotros te damos el poder a cambio de la rendición de España y del Estado de Derecho”. De este modo, a la coautoría entre terrorismo islamista y etarra, se uniría la complicidad de las fuerzas y cuerpos de seguridad del Estado, los jueces, fiscales y el propio partido de la oposición, dispuesto a asumir el daño colateral de 192 muertos y 1.800 heridos con tal de conseguir el poder y devolver el favor prestado pasando por encima de las demás instituciones, la propia Constitución y la memoria de los compañeros asesinados por la misma ETA. He aquí el contenido del guión aspirante a ganar el premio al mayor disparate jamás escrito.

A pesar del disparatado argumento de esta historia y de que no existe ni un solo indicio con valor probatorio que implique a otra organización que no sea la de corte islamista en la comisión de los terribles atentados del 11 de marzo en Madrid, el cúmulo de despropósitos que alimentan esta teoría de la conspiración es de tal calibre que sus defensores se lanzan, hambrientos y sedientos de su verdad, a cualquier nuevo dato que aparece con el fin de sostener su fantasioso y endeble argumento y no precipitarse en ese oscuro y largo abismo delirante que ellos mismos han creado. Tras la larga investigación policial e instrucción judicial, comienza el juicio oral que aportará luz a las sombras: seguramente algunos se quedarán ciegos ante la iluminación que se avecina mientras otros irán descubriendo a los verdaderos protagonistas de la auténtica conspiración que lleva meses escribiéndose y radiándose a través de las ondas.