Esta semana hemos conocido la decisión de Mariano Rajoy de no incluir a Alberto Ruiz Gallardón en las listas electorales de su partido al Congreso de los Diputados. El alcalde madrileño llevaba meses expresando su deseo de formar parte de las mismas y Rajoy, como buen gallego, no decía un "sí" pero tampoco un "no" rotundos. Las excusas ofrecidas pasaron de los estatutos del PP, como posible impedimento para que un alcalde pudiese aspirar a ser diputado, hasta la posición ocupada por los "afortunados" representantes consistoriales, que sí lograron el "sí" de don Mariano, en las listas nacionales. A estas alturas no cabe la menor duda de que el tan cacareado y ansiado giro al centro del PP ha sido, es y seguirá siendo, al menos en un futuro a corto plazo, un "regiro" a la derecha que, lamentablemente, les sitúa en la ultraderecha: el sector más conservador, rancio y casposo del partido popular se ha impuesto sobre el sector más centrista, dialogante y autocrítico.

"He hecho lo mejor para mi y para mi partido", declaraba Rajoy pocas horas después de conocerse la noticia del "descarte". ¿Realmente ha sido así?. No lo sabremos hasta el próximo 9 de marzo pero, a día de hoy, ni siquiera los simpatizantes populares parecen respaldar la última "marianada" del aspirante a Presidente del gobierno, quien ha preferido fichar al ex presidente de Endesa como número dos por Madrid, no sabemos si como "pago" por la ferviente oposición realizada contra la OPA de gas natural, antes que al militante que tantos triunfos autonómicos y municipales ha logrado para su partido. Tampoco sabemos si la exlusión de Gallardón y Aguirre es el fruto de una decisión "salomónica" para mantener a ambos en los cargos para los que han sido elegidos por los ciudadanos, o de una jugada que pretende quitarse de encima a dos pesos pesados del partido que se habían posicionado, en los últimos meses, en los primeros puestos para suceder a un Rajoy contradictorio, crispante y con la peor valoración ciudadana conseguida por un líder de la oposición en democracia.

Puede que este "regiro" a la ultraderecha acabe desembocando en un ansiado y esperado giro al centro si Mariano Rajoy pierde las próximas elecciones generales: llevar a su partido de una mayoría absoluta a la oposición y no conseguir la victoria tras cuatro años de permanente desgaste al ejecutivo, utilizando temas de Estado como la lucha antiterrorista, no son precisamente las mejores credenciales para quien se vea obligado a ocupar la oposición al gobierno durante cuatro años más y aspire, a su término, a gobernar el país. Puede que entonces Alberto Ruiz Gallardón tenga ante si una oportunidad mayor que la que a día de hoy le ha sido negada: ocupar la presidencia de su partido y liderar ese giro al centro que tantos años llevan buscando los populares, un centro del que se han ido alejando cegados por su ansia por recuperar el poder al precio que sea.