El adiós de Acebes era un adiós a voces, pero la manera en que lo ha hecho ha sorprendido a todos, sobre todo dentro de su propio partido. Particularmente aplaudo su decisión, aunque su "lo dejo" llegue cuatro años tarde. Sin duda le ha tocado jugar un amargo e infumable papel desde la tarde del mismo día 11 de marzo de 2004 y, a la vista de los resultados obtenidos después de todo lo dicho y hecho, lo mejor que podía hacer era irse.

Al adiós de Zaplana se ha unido el de Acebes, las dos caras visibles y representativas de la oposición junto a Mariano Rajoy. Pero a ese adiós de dos políticos de peso dentro del Partido Popular deberían unirse el de un líder que no ha sabido imponerse en su propia formación y dirigirla con criterio propio, y el de ciertos periodistas que, desde la sombra, han dictado el guión que ha seguido la oposición durante los últimos cuatro años y que hoy se lanzan como aves rapaces sobre el único superviviente, por el momento, del desembarco popular. Hasta el mes de marzo, la derecha mediática defendía con uñas y dientes a un Rajoy que nos parecía una marioneta en manos de terceros; hoy hasta se llenan la boca con lo que muchos apuntábamos en nuestras críticas a este líder sin carisma: su designación a dedo, una designación que hasta hace un par de meses justificaban con un "convalidada por el congreso del PP" y que ahora les sirve como principal argumento para desacreditarle. El típico "donde dije digo, digo Diego".

En toda esta historia, el PP de la crispación y de la "conspiranoia" no es el único responsable de la derrota electoral, también los son esos medios de comunicación que han preferido aumentar sus audiencias con la infamia y la mentira. Zaplana, Acebes y Rajoy no fueron más que los altavoces, en el Congreso, de lo que se decía por las mañanas desde la emisora de los obispos o de lo que se publicaba en cierta prensa escrita y digital. Y mientras los personajes políticos van cayendo, los "periodistas" de la derecha se dedican a ver la paja en el ojo ajeno pero no la viga en el propio, como si ellos no hubiesen tenido nada que ver en toda esta debacle de la que tanto se lamentan, como si no fuesen también protagonistas y responsables de esta anunciada derrota de los embusteros.




















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