Leo en los periódicos que el PSOE asume que habrá un nuevo retraso en el tema de la financiación autonómica y que del optimismo se ha pasado a la cautela. No habría estado de más que se hubiese procedido con esa precaución y reserva el día en que a Zapatero se le fue toda la fuerza por la boca anunciando a bombo y platillo la fecha del 15 de julio: se habrían ahorrado un nuevo ridículo, al constatarse que los plazos prometidos no pueden cumplirse, y podrían hablar de optimismo en el supuesto de que la consecución del objetivo marcado estuviese más cerca que lejos de materializarse.

No es la primera vez, y me temo que no será la última, que el ejecutivo socialista nos ofrece esta retahíla de "digos" y "diegos" que ya aburren hasta a las cabras. El gobierno no ahorra esfuerzos a la hora de demostrar, día sí y día también, una total descoordinación cuando se trata de transmitir a la ciudadanía sus proyectos: ya nos hemos acostumbrado a que lo anunciado hoy por un ministro sea rectificado mañana por el Presidente o por la Vicepresidenta, a que los discursos del ejecutivo no infundan credibilidad o simplemente se queden en "acontecimientos históricos en nuestro planeta" más dignos de la serie "V" que de la España del siglo XXI.

Si en la pasada legislatura la capacidad de comunicación del gobierno fallaba, en esta ha pasado a ser nefasta: el ejecutivo no explica con claridad su proyecto, se dedica a vaticinar y a pronosticar más que a transmitir seguridad, y no parece estar compuesto de personas cautas, sino de auténticos bocazas que hoy juegan a videntes y mañana se presentan como verdaderos farsantes de las promesas incumplidas. Hágannos un favor a todos los ciudadanos, y en especial a quienes les hemos votado: si lo que nos van a decir vale menos que su silencio, cállense. Y es que parece que, a estas alturas de la democracia, los políticos todavía no han entendido que los hechos tienen mucho más valor que las palabras: cuando lo asimilen y lo practiquen, quizás consigan que en las próximas elecciones no nos quedemos en casa y vayamos a votar.