Rita Barberá está indignada con lo que le está sucediendo a su amigo y compañero de partido, Francisco Camps. Afirma que con el PSOE en el Gobierno "se está pudriendo el Estado de Derecho". Cualquiera diría que con esta frase está insinuando que con el PP en la Moncloa jamás nos habríamos enterado de quién pagaba los trajes al "tío Paco" y qué recibía a cambio quien se hacía cargo de las facturas. No quiero pensar mal de Rita, seguramente sus palabras se deban a su honda convicción democrática.

Curiosamente, el amigo de Rita niega haber recibido regalo alguno. Sin embargo la alcaldesa sale en su defensa afirmando que "todos los políticos reciben regalos" y ejemplifica comparando unas anchoas con los trajes del escándalo. Sin frenos y cuesta abajo propone despenalizar el cohecho. No quiero pensar mal de Rita, aunque tanta incoherencia me desconcierta.

Rita y el PP anuncian querella contra el medio que se hace eco de las palabras de un individuo conocido como "El Bigotes", quien afirma que le ha regalado varios bolsos a la alcaldesa, pero no harán nada contra quien ha vertido la presunta calumnia. Sinceramente: ¿a estas alturas también te cuesta no pensar mal de Rita?

Cuando un servidor público demuestra no discernir dónde está el límite entre la cortesía y el cohecho, las alarmas de la preocupación y la indignación deben encenderse entre los ciudadanos, porque cuando un político acepta determinados regalos que exceden de la cortesía pone en riesgo su honor, pero cuando las dádivas se reciben a cambio de contratos públicos el servicio a los ciudadanos se pudre de corruptelas que ni pueden tolerarse ni deberían justificarse jamás. No quiero pensar mal de Rita... pero Rita no me deja.