En los años ochenta surge una tendencia creciente hacia la desregulación y la autorregulación bancaria. Esta tendencia se basaba en dos tesis: una teórica, según la cual los mercados son eficientes, completos y neutrales para la actividad económica, y otra política, a partir de Margaret Thatcher y Ronald Reagan, en la que se tomaron medidas basadas en estas hipótesis no suficientemente contrastadas. Los bancos centrales, partiendo de la premisa de que los mercados son eficientes y los precios de los activos financieros son siempre correctos, se limitan a controlar que se cumplan los objetivos de inflación de los precios al consumo, pero no de los precios de esos activos, que son los que realmente producen la inestabilidad financiera y bancaria. En los años noventa, los países emergentes de Asia, Europa y América Latina se ven inmersos en una crisis debida a su excesivo endeudamiento. Dejaron de endeudarse en el exterior, redujeron su inversión y su consumo, comenzaron a ahorrar y acabaron acumulando grandes reservas en moneda extranjera para evitar futuras crisis. De tomadores e importadores de capital de los países desarrollados pasaron a ser prestamistas y exportadores de capital a dichos países, entrando éstos en una situación de déficit externo corriente. Las grandes empresas de los países desarrollados aumentaron así sus inversiones en tecnologías de la información e Internet. Tras el estallido de la burbuja tecnológica, los bancos centrales, y en especial la Reserva Federal americana, desarrollaron, para evitar la recesión, una política monetaria basada en bajos tipos de interés, disponibilidad de crédito y enorme liquidez, que era suministrada por las inversiones de los países emergentes ahorradores. Estas políticas provocaron que aumentase la compra de viviendas, su precio y los créditos hipotecarios, sobre todo en Reino Unido, España, Australia o EEUU. En éste último se desarrolló el crédito hipotecario conocido como “subprime”, dirigido a familias con pocos recursos económicos.
Los inversores internacionales no solían comprar estos créditos hipotecarios por ser a largo plazo, inciertos y por su tasa de impago. Pero acabaron comprándolos porque la ingeniería financiera americana sacó estas hipotecas de sus balanzas y las titularizó, las dividió en tramos y las reempaquetó con otros créditos de consumo, de coches y de tarjetas de crédito. Mejoraban así, supuestamente, su calidad crediticia, aumentaban su diversificación y reducían su riesgo de impago. Los bancos son quienes titularizan y ofrecen, a las agencias de calificación crediticia, la información sobre la solvencia del propietario y la relación porcentual entre el valor de la hipoteca y el valor de la vivienda, información que las agencias de rating no pueden contrastar. Las agencias otorgaron una alta calificación crediticia a estos títulos, los inversores y los propios bancos se fiaron de esta calificación y acabaron comprando unos activos de elevada rentabilidad en relación a su riesgo.
En agosto de 2007 los inversores perdieron la confianza en unos instrumentos financieros complejos, garantizados por hipotecas cuya elevada calificación crediticia resultó errónea, algo que muchos sospechaban. Pero ya se sabe que algunos son capaces de ignorar la realidad cuando pueden ganar más. Tras la caída de del banco de inversión americano Lehman Brothers, cundió el pánico en los mercados financieros. Si el grande había caído, cualquiera podía hacerlo así que los accionistas e inversores perdieron la confianza y vendieron masivamente sus acciones en bancos que ocultaban la tenencia de enormes activos deteriorados o tóxicos. Por la misma razón la confianza también se perdió entre los propios bancos y dejaron de prestarse en el interbancario. Los mercados financieros, uno tras otro, dejaron de funcionar parcial o totalmente: primero fue el del papel (pagarés), después el resto de los mercados garantizados por hipoteca, a continuación los de otras titulizaciones de créditos, luego el interbancario y los mercados monetarios y finalmente los mercados bursátiles. Muchos bancos estuvieron a punto de quebrar y algunos tuvieron que ser nacionalizados o salvados de la quiebra por sus gobiernos, el crédito se contrajo enormemente, el consumo y la inversión se desmoronaron y se produjo, por primera vez en la historia, una recesión global y altamente sincrónica.
¿Se podría haber previsto esta crisis con antelación? Los economistas Andrew K. Rose y Mark Spiegel desarrollaron un modelo muy sofisticado de alerta avanzada llamado “indicador múltiple de causas múltiples”, en el que utilizaron más de 60 causas posibles, 107 países y un marco estadístico flexible. A pesar de todo ello no fueron capaces de ligar las causas a su incidencia en dichos países.
FUENTE:
- La primera gran crisis financiera del siglo XXI, de Guillermo de la Dehesa.
Completamente de acuerdo. En la Revolución Conservadora de los 80 está la raiz de esta crisis por el tipo de globalización neoliberal que impuso
ResponderSuprimirMuy didáctico y certero el texto y el comentario precedente.
ResponderSuprimirAñadiría dos medidas de la desregulación que me parecen especialmente dañinas:
a) la abolición de la ley Glass-Steagall, de separación de la banca comercial y de la banca de inversión; poner a los bancos que prestan a las empresas y las familias y captan depósitos corrientes, su actividad tradicional, a soportar el enorme riesgo de las divisiones bancarias dedicadas a inversión/especulación financiera es quitar un freno al estallido de cualquier burbuja o crisis
b) la contrarreforma fiscal; antes de la revolución conservadora el tipo impositivo marginal máximo sobre la renta en los U.S.A. era del 70% (en Suecia, del 87%); debilitó mucho la posibilidad de consumo privado al debilitar el gasto público en servicios sociales
Cordialmente,
Es un post muy elaborado y por ello recomendable de leer, aunque no se esté al 100% de acuerdo.
ResponderSuprimirPara "ElSrM", estoy perplejo, si el tipo máximo marginal bajó, eso dejó más dinero disponible a los contribuyentes, así que cuesta creer que eso repercutiera en un menor consumo privado. Lo puedes aclarar, por favor ? Gracias :)
A.t.t. Dº Jose: el tipo máximo marginal, que se aplica al tramo máximo de renta, es algo que por lo general no afecta al común de los ciudadanos. Sólo afecta a las personas con rentas súper altas.
ResponderSuprimirEl consumo privado o doméstico, de los hogares, no suele salir de ese nivel de renta, sinó de los tramos anteriores. Por eso la bajada de ese tramo impositivo no tendría un efecto muy importante en el consumo total del país.
La recaudación de ese tramo de renta a donde suele ir es precisamente a la redistribución circular de la riqueza con el objetivo macroeconómico de equidad económica. Es decir, dicho tramo impositivo es clave en la financiación de los servicios públicos, de la capacidad operativa de los Estados.
Saludos,